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17/4/09

El fantasma del PSOE catalán

por José García Domínguez en LD, 2004.

No hace demasiado tiempo, Jordi Pujol, el hombre que en 1958 dejara escrito para la posteridad que “el inmigrante constituye la muestra de menor valor social y espiritual de España”, se quedó perplejo al ver a uno de los chóferes de su parque móvil presidiendo un acto oficial.

Sucedió en Nou Barris, el gran distrito obrero de Barcelona, un rincón de la ciudad repleto de enormes bloques de edificios que emergieron en los años sesenta para albergar a los trabajadores que habrían de construir la Cataluña que él ha presidido durante 23 años. El conductor, un inmigrante que más tarde transportaría a Manuel Royes, antiguo presidente de la Diputación y actual delegado del tripartito en Madrid, hubo de aclararle a un sorprendido Pujol que, fuera de las horas de del trabajo, era el secretario del PSC en esa zona, uno de los mayores viveros de votos para los socialistas en toda Cataluña. Así, de primera mano, pudo saber Pujol dónde están los imaginarios jefes de ese imaginario PSOE catalán que se contrapondría al nada imaginario sector nacionalista del PSC.

El mítico PSOE catalán es, junto con los verdaderos apellidos del hombre fuerte del Gobierno de la Generalidad, uno de los mayores misterios de Cataluña; mucha gente especula, hace conjeturas sobre él, fantasea, pero, en realidad, nadie lo conoce. Sin embargo, la explicación del primero de los enigmas no es nada difícil: el PSOE catalán, simplemente, no existe. Y eso es así por una razón más simple todavía: porque no ha existido nunca. Puede que Zapatero haya necesitado un cuarto de siglo para enterarse, pero lo cierto es que su partido, en Cataluña, nunca ha sido más que una leyenda urbana, una organización política cuya presencia real siempre ha sido tan nebulosa como la del ectoplasma de esa chica pálida que, dicen, hace auto-stop en una carretera solitaria y luego desaparece al pasar por la curva en la que sufriera un accidente mortal.

Durante la dictadura, en Cataluña en ningún momento se dio algo parecido a la continuidad de una tradición de socialismo obrerista y españolista como la que se mantuvo en el País Vasco. El partido de Maragall y Montilla, el Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC-PSOE) surgió en la transición, a toda prisa, como fruto de la unificación del PSC —poco más que un grupito de nietos de dirigentes de la Lliga de Cambó que venían de la Universidad— con unos cuantos obreros fabriles castellanohablantes que, a su vez, acababan de crear la Federación Catalana del PSOE. Tan de la nada llegaban todos que en los primeros mítines, unos y otros, tenían que sacar una chuleta para cantar la Internacional, porque nadie allí sabía la letra.

De aquel PSOE barcelonés que tras la muerte de Franco vendió sus siglas recién estrenadas a cambio de una foto dedicada de Felipe González ya no queda nadie en la vida política catalana. Nadie quiere decir nadie. Todos los dirigentes que procedían del partido nacional fueron apartados inmediatamente de los cargos de dirección en la nueva organización catalana. Para ser precisos, queda uno: ese alcalde de la periferia de Barcelona al que llamó Bono para sondear su lealtad a Ferraz en caso de ruptura; el mismo al que le faltó tiempo para denunciar al manchego ante Montilla y decirle que “esos tíos se han vuelto locos”. Queda ése. [El autor se refiere a Celestino Corbacho. NdE.] A todos los demás hace muchos años que los desaparecieron del PSC.

Cuando llegaron las primeras elecciones generales y municipales, aquella moto federada fraternalmente a un cartel con la cara de González tuvo que convertirse en un partido de verdad. Los Serra, Maragall, Obiols y Reventós, los chicos de las buenas familias de toda la vida que tenían las mañanas libres para poder dedicarse a la política, hubieron de buscar capitanes, sargentos y cabos chusqueros por todas partes para que les administrasen el enorme poder local que aquella foto había sido capaz de regalarles. Fue en ese momento cuando desembarcó en el PSC el aluvión de Montillas que tantos despistados de Madrid han querido identificar con un fantasmal PSOE catalán que viviría oculto en las catacumbas de la ciudad de los prodigios. Pero, como casi siempre que piensan en Cataluña, se equivocan. Esa tropa más o menos mercenaria, según los casos, fue reclutada en el único lugar en el que se podía encontrar: entre los restos del PSUC y los saldos de la extrema izquierda que habían quedado libres en el mercado político tras el derrumbe de sus organizaciones. De ahí vienen todos los Montillas del PSC, incluido el original, que fue dirigente del Partido del Trabajo, un grupo maoísta que en Cataluña se aliaría con Esquerra Republicana para después disolverse.

Ése es el origen del gran cuadro de secundarios del partido. En esa escuela, la de Llamazares y Madrazo, interiorizó su concepción de la cuestión nacional el ejército de figurantes cuya pequeña cuota de poder sólo empieza a hacerse visible cuando el viajero traspasa las últimas estaciones de las líneas del metro de Barcelona. Por eso, sería más fácil escuchar a Maragall hablando de Pablo Iglesias que encontrar alguna huella de Indalecio Prieto o Julián Besteiro entre todos los alcaldes del cinturón teóricamente rojigualda de Barcelona. Por eso, quien crea que pueden tener en la cabeza una sola idea enfrentada a la No-España que sueñan los nacionalistas, es porque ha tenido la suerte de no haber pasado nunca en su vida por aquellos seminarios sobre la “autodeterminación de los pueblos oprimidos” que siempre se organizaban en alguna comuna de un quinto tercera sin ascensor. Acaba de decir Joaquim Nadal, el portavoz de la Generalidad, que “el PSOE sabe mejor ahora qué quiere y quién manda en el PSC”. Lo peor es que también sabe ya lo que piensan los que no mandarán nunca en la finca de los Nadal.

3/4/09

La izquierda post-marxista: el asalto a la razón

La ideología dominante en España hoy es la de izquierdas. Y no nos referimos con ese término a una izquierda que fue y ya no es, ni a la que, según algunos, pudo ser y no fue. Nos referimos a la izquierda realmente existente, la izquierda reformulada tras la bancarrota del comunismo y la socialdemocracia. Algunos la denominan “izquierda indefinida”. Otros creemos, por el contrario, que sus contornos se precisan con gran nitidez.

El PSOE y muchos de sus aliados han adoptado frecuentemente poses antiyanquis. Sin embargo, el cuadro de sus valores esenciales fue destilado en los Estados Unidos por exiliados europeos durante la Segunda Guerra Mundial y resulta completamente incomprensible fuera del peculiar ambiente progresista norteamericano.

El germen de ese desarrollo puede rastrearse en la obra de la llamada Escuela de Frankfurt (Herbert Marcuse, Theodor Adorno, Max Horkheimer, etc.) que, procedente del marxismo, procedió a la demolición crítica del conjunto de su edificio teórico, incluido su fundamento ideológico –el materialismo dialéctico-. Pero, más allá del marxismo, lo que quedó afectado por esa crítica fue la propia Ilustración y la herencia racional europea. En cuanto a las alternativas de esa escuela, recordemos tan sólo que Marcuse se distinguió por su rehabilitación del deseo y los impulsos pasionales, Adorno se hundió en un nihilismo autodestructivo y Horkheimer terminó sus días abrazando un abstracto neo-judaísmo.

Del conjunto del marxismo la Escuela de Frankfurt retuvo únicamente un concepto, el de “alienación”, utilizado por Marx tan sólo en su juventud. Pero, a diferencia del joven Marx, la Escuela de Frankfurt refirió ese concepto al plano sico-sociológico, disociándolo de toda conexión con las relaciones de poder económico. Con ello abrió las vías de de la “contestación” de múltiples formas de “dominación”, “contestación” perfectamente compatible con el mantenimiento del sistema social capitalista. No es casual que esta nueva orientación de la izquierda haya hecho sus primeros avances en Europa en el seno de los partidos provinentes de la socialdemocracia, corriente que ya antes de la Primera Guerra Mundial había optado por la preservación de la “economía de mercado”.

El post-marxismo de Frankfurt y el progresismo yanqui convergieron en una doctrina mesiánica: la de imposición universal de la idea norteamericana de la democracia y los “derechos humanos”, establecida en los Catorce Puntos del presidente demócrata Wilson. Ésta ha sido, desde entonces, la guía de todas las intervenciones imperialistas norteamericanas, tanto del brazo de los demócratas, como de los neoconservadores. Al final de la Segunda Guerra Mundial, los presidentes demócratas Roosevelt y Truman la completaron con una línea de reeducación del pueblo alemán derrotado en una “conciencia de culpa” dirigida a destruir hasta la raíz su orgullo nacional. Los exiliados de la Escuela de Frankfurt que regresaron a su país la asumieron con alborozo.

Todas y cada una de las iniciativas sociales impulsadas en los últimos tiempos por la izquierda post-marxista en Europa (desde el feminismo radical hasta la política de cuotas raciales y sexuales), se han puesto en práctica décadas antes en los Estados Unidos.

Los valores que hoy presiden el “gobierno de España”, entronizados tras el abandono formal de la socialdemocracia por Felipe González, siguen las pautas anteriormente apuntadas, a través del multiculturalismo y la islamofilia, que degradan el legado europeo al papel de una “civilización” entre otras; el repudio del concepto de nación política, de raíz grecolatina, actualizada por la revolución francesa, y el apoyo a los nacionalismos étnicos más reaccionarios y racistas en nuestro país y a los grotescos movimientos indigenistas en Iberoamérica; la puerta abierta a las avalanchas migratorias; el privilegio a los lobbys feministas y homosexuales; la ecolatría y los sermones sobre el Apocalipsis climático -a la caza de subvenciones-; la extensión de una “conciencia de culpa” a media España mediante una “memoria histórica” que imputa a un solo bando los asesinatos cometidos con ocasión de la guerra civil y presenta falazmente a los defensores de la II República como campeones de la democracia… Y como trasfondo, un individualismo hedonista desaforado y la adhesión a un nihilismo impúdico que, entre otras cosas, autoriza una acción política sin principios ni escrúpulos. Todo ello como cobertura de un lumpencapitalismo de pelotazo financiero y atraco, en regresión incluso respecto de los valores de laboriosidad y ascetismo que Max Weber creyó hallar en los orígenes del capitalismo.

Obviamente, el discurso de esta izquierda se enfrenta a muchos de los valores clásicos de la iglesia católica. Pero la trama ideológica que está en su base no es otra que una nueva versión secularizada del paradigma judeo-cristiano con sus eternos conceptos de pecado y caída (“alienación”, “dominación” y “culpa”) y, finalmente, redención (mediante la reeducación dirigida por la nueva casta de rabinos que deben impartir la “educación para la ciudadanía”).

Precisemos que la izquierda no puede todavía auparse al gobierno y mantenerse en él con el solo recurso a su programa “contracultural” progresista, consistente en culpabilizar a los españoles que no comulgamos con sus tesis de ser guerracivilistas, xenófobos, racistas, aniquiladores de la esplendorosa cultura mahometana, fanáticos clericales, opresores de catalanes, vascos, gallegos y demás “naciones históricas”, machistas, “homófobos” y, como resumen, “fachas”. Esto se hace particularmente evidente en dos zonas donde se localizan los grandes yacimientos de votos al PSOE, ·Andalucía y Cataluña. Por ello, en esas zonas, el PSOE ha puesto en obra expedientes específicos. En Andalucía, el clientelismo más repugnante y el voto subsidiado. En Cataluña, la deriva nacionalista del PSC ha satisfecho las actitudes subalternas del xarnego hacia el catalanismo político, su expectativa de ser reconocido por él como parte de la “Catalunya trionfant”. Pero, dada la composición social de estos viveros de votos, tales expedientes son aun insuficientes. Por ello, ha debido prolongar con demagogia de brocha gorda la ideología “de clase” propia de la etapa socialdemócrata, que presenta al PSOE como “partido de los pobres”, adaptándose a un estereotipo derecha/izquierda que desde hace décadas carece de de toda realidad, pero que amplios sectores de esas regiones asumiendo con una inercia irracional.

Esos sectores son de izquierda "por herencia". Han ido sufriendo hasta hoy todo tipo de ataques y traiciones del PSOE y del PSC, pero les siguen votando “para que no ganen los millonarios, los obispos y los fachas”. Su aglutinamiento no es de opinión, sino de fe. Su voto es tribal. Y uno no se borra de la tribu fácilmente. Este fenómeno no puede ser disuelto mediante debates, ni con apelaciones fraternales, ni con "memorias históricas" alternativas. Sólo puede disolverse por la concurrencia de dos factores. Uno es la "socialización del sufrimiento" que procurará una crisis económica severa. Muchos de los que se van a quedar sin vivienda, por no poder pagar la hipoteca, sin trabajo y sin poder llegar a fin de mes, han votado recientemente al PSOE. Se contarán entre los primeros que deben expiar la única culpa real de lo que nos está pasando. El otro factor es la aparición de un movimiento adverso, de combate real contra el orden social capitalista, no basado en formulaciones fracasadas y en estereotipos fantasmales, sino en la razón aplicada a los hechos del presente. Y que se manifiesta de modo contundente, desconsiderado, consciente de abanderar una tarea trascendental, política y ética.

El PSOE, principal fracción de izquierdas del aparato político capitalista, es un partido de aniquilación nacional de España. Y es, además, el vector dirigente de un movimiento de aniquilación civilizatoria, de asalto a la razón, de demolición de toda la obra del genio espiritual europeo. Es una encarnación de la Barbarie propia del periodo imperialista, y que fue anunciada por Rosa Luxemburgo como la alternativa inevitable a un fracaso de los intentos de real derrocamiento del modo de vida del Burgués.

P. J. Cadalso
, marzo 2008.

11/2/09

Roures, aparatchik de Zapatero

Desde hace un tiempo, Jaume Roures se ha convertido en una estrella ascendente, hasta el punto de que los creadores de “opinión pública” se han interesado por él. Se han escrito ya varios artículos, unos favorables y otros menos, al tiempo que el mismo sujeto se crea una imagen seductora ante los consumidores de su mercancía mediática.

El “fenómeno empresarial” de Mediapro se vende como otro de esos maravillosos ejemplos de honradez, buena gestión y visión de futuro. Su estruendosa irrupción entre los mercaderes de los derechos televisivos de los espectáculos deportivos, especialmente del todopoderoso fútbol, le ha puesto en órbita. Vendiendo como meritorias maniobras empresariales su acaparamiento de este negocio. Y es que sabe perfectamente, de la importancia del fútbol y demás circos en la sociedad española, entre tantos millones de individuos que asistirán resignadamente al deterioro económico de su familia pero que no soportarían un domingo sin fútbol.

Pero el Roures sigue siendo un aparatchik, antaño de la LCR trotskista y ahora de la banda de ZP. Un agente zapateril incrustado en un sector estratégico para la política con un objetivo: crear un imperio mediático al servicio del proyecto del presidente del Gobierno. Y es que Zapatero tuvo muy claro desde el principio que quería volar libre y romper las ataduras con la banda de Polanco y Felipe. Cosas de las luchas intestinas de poder en la izquierda-realmente-existente.

En una reciente entrevista, el Roures se fabrica su pasado; como han hecho tanto y tantos. En la LCR siempre estuvo en el aparato del partido. Ya entonces, “Melan” (por su porte melancólico) o “Piececitos de Oro” (imagínense por qué), era un aparatchik encargado de canalizar el dinero procedente de la IV Internacional y de sablear a intelectuales proclives culpabilizándoles por su pecado original, por su “origen de clase”. Prosperó en la organización leninista hasta convertirse en el Vichinsky de la comisión de control, encargándose de las expulsiones.

Cuando se hundió el tinglado de la extrema izquierda tuvo que fabricarse una trayectoria aparente que le abriera las puertas de la nueva clase social fertilizada en los perterres de la progresía divina. Se creó un pasado heroico antifranquista como la mayoría de los de su cuerda. Pero su trayectoria real pasa por haber estado sólo una vez detenido y dormido en el talego no más de cuatro o cinco meses. Y como entonces supo aprender el manejo de cámaras y vídeos, pudo empotrarse en TV3, ese ente devorador de fabulosos presupuestos al servicio de una secta de vividores y propagandistas atrincherados en un discurso izquierdista antiespañol. Allí se hizo del clan, o de la secta, cuando conoció e intimó con el marido de nuestra infame ministra de Defensa, doña Carme Chacón.

Ahora vive momentos de esplendor. Los acólitos del divinismo “cultural” le han regado de premios Goya, le han puesto bajo los focos. Lo glosan como un modélico progresista que tanto hacen por ZP y su hoja de ruta. Él, que no es más que un cínico sin principios, un aparatchik del régimen-realmente-existente, deudor de favores y créditos del ICO que seguirá poniendo sus armas al servicio de la destrucción del pueblo español.

2/1/09

El PSOE y su IPREM

Las recientes encuestas publicadas constatan lo evidente: ZP y su psocialismo son inaccesibles al desaliento. Millones de electores seguirán votándoles. Da igual lo que hagan, da igual lo que digan... Da igual las denuncias de sus mentiras y engaños. Da igual que se denuncie su carácter antidemocrático, antisocial o antinacional. Da igual que el PSOE sea el partido de la aniquilación del pueblo español. Mucho se ha escrito sobre los motivos pero un hecho es evidente: millones de electores están perdidos para cualquier proyecto de salvación de España.

Hace unas semanas se desveló que el gobierno de ZP había aprobado la rebaja fiscal para los grandes accionistas de los bancos, los miembros de sus cúpulas, sus altos ejecutivos y toda su familia incluyendo tíos y sobrinos. Si hasta ahora debían tributar el 43%, el gobierno psocialista se lo dejó en el 18%. Algunos pusieron el grito en el cielo: ¡cómo un gobierno de izquierdas podía favorecer de manera tan descarada a los más ricos! ¡Qué vergüenza! Y es que todavía la inmensa mayoría creen que éstos son de izquierdas y los otros son de derechas por incultura, ignorancia, dogmatismo y comodidad.

Cuando ZP llegó al poder en marzo de 2004 había prometido el oro y el moro; entre otras cosas que subiría el Salario Mínimo Interprofesional (SMI). Pero ya en la Moncloa los suyos hicieron cuentas y llegaron a la conclusión de que no podían afrontar dicha promesa so pena de quebrar al Estado ya que el SMI era el índice de referencia utilizado para calcular pensiones, subsidios de desempleo, ayudas por viviendas, becas, etc. Decidieron seguir presumiendo de "políticas sociales" y, ni cortos ni perezososos, se inventaron otro índice que reemplazara al SMI en estos cálculos: el Índicador Público de Renta de Efectos Múltiples (IPREM). Se introdujo en julio de 2004 y es determinado anualmente por el gobierno en los presupuestos generales. Desde su creación se ha incrementado menos que la inflación (salvo en 2007). Así, en 2008 el IPREM mensual era de 516,90 euros/mes (17,23 diarios) y el SMI para este 2009 ya ha sido actualizado hasta los 624 euros/mes (20,80 diarios).

Muchos denunciarán esto que hemos comentado como ejemplos de la política antisocial del PSOE, impropia de un gobierno de izquierdas. Nosotros no. Nosotros afirmamos que son jalones en el proyecto antinacional de la izquierda realmente existente, en su hoja de ruta para la aniquilación del pueblo español como sujeto histórico.

2/12/08

Razones para un golpe de Estado

El vigente régimen se fundamenta en un pacto de acero: el de la monarquía con la izquierda realmente existente, o sea, el PSOE. Teniendo esta premisa presente se comprende perfectamente la historia de España más reciente.

Las recientes declaraciones de uno de los mayores caciques psocialistas durante todo este tiempo, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, han pasado desapercibidas en su cruda dimensión por la mayoría de medios informativos. Pero son ilustrativas de las convicciones últimas de la vieja guardia psocialista... es su convencimiento de que la derecha "trató de romper el sistema constitucional para alcanzar el poder", que "conspiró contra el Rey y el sistema democrático para llegar al poder". (Leer noticia).

El ex presidente extremeño afirmó que la derecha, ante su "desesperación" por los continuos triunfos del PSOE, decidió "dar una patada al tablero" para pasar "a un sistema distinto". "Rompieron el pacto institucional, conspiraron para acabar con la piedra angular, el Rey, para ver si desestabilizando la monarquía podían llegar al poder", denunció Ibarra. "La derecha cree que le corresponde detentar el poder de forma natural", prosiguió el ex presidente de Extremadura, para quien la derecha y los nacionalismos han roto el acuerdo constitucional por el que todos los partidos renunciaron a su programa ideológico básico para hacer viable la democracia.

La izquierda psocialista española ha sido siempre manifiestamente amoral y antidemocrática. En 1934, justificó su golpe de Estado contra la Segunda República con un argumento similar. Algunos pensaran que los acontecimientos acaecidos entre el 11 y el 14 de marzo de 2004 obedecen a la misma pérfida lógica.

10/11/08

El ala izquierda de la Casa Blanca

Vaya de antemano que nos daba igual que ganara uno u otro, Obama o McCain. En tanto que españoles somos conscientes de que la política exterior estadounidense, la que nos afecta, apenas cambiará con uno o con otro. Y en tanto que patriotas republicanos tenemos a España por nuestro único referente y somos inmunes a la intoxicación informativa con la que el régimen nos ha bombardeado. Jamás ha habido en España un seguimiento tan exhaustivo de la carrera electoral yanqui, nunca nos habían recordado tan descaradamente que somos una provincia del Imperio. Y a la cabeza, como abanderados y paladines de la Casa Blanca, los medios propagandísticos y políticos "progresistas".

La izquierda realmente existente, o sea, el PSOE y su galaxia, hace tiempo que ha dejado de ser anti-americana, pese a que se empeñen en defender lo contrario los periodistas de enfrente. El derrumbe del marxismo y el “fin de la historia” de principios de los 90 fue su auténtica liberación. Aquellos izquierdistas pudieron salir del armario y hacer pública su conversión a la nueva fe capitalista, su particular "viaje al centro". Comunistas en el 92 aparecen ahora en los debates televisivos de la noche electoral yanqui con la bandera de las barras y estrellas en la solapa, como Diego López Garrido, por ejemplo. Antes eran anti-americanos y anti-españoles, ahora sólo anti-españoles pero fieles súbditos de Washington.

Es cierto que "su" candidato, Barack Obama, partía como favorito y que eso les ha animado. Pero la conversión es sincera, ideológica y vitalmente. Sólo los más papanatas se siguen creyendo eso de derechas e izquierdas. Las diferencias políticas son inexistentes, sólo acaso emocionales. La victoria de Obama la sienten como propia y se aprestan a seguir sus pasos. Por de pronto, el gobierno de ZP ha hecho suya la justificación de EE.UU. para invadir y ocupar Iraq y Afganistán: combatiendo allí se defiende a Occidente. De Iraq ZP sacó las tropas... ahora se apresta a mandar más a Afganistán. Quiere estrechar lazos con su nuevo amo de Washington.

30/10/08

El chocolate del loro

La casta política que parasita España persevera en su hoja de ruta a tenor de las continuas noticias de corrupción, de despilfarro, de mangoneos, de prevaricaciones... La generación de la que hemos venido hablando recientemente actúa así:

Las diecisiete fundaciones públicas que el bipartito PSOE-BNG «heredó» tras las elecciones de 2005 se han multiplicado. Galicia soporta a día de hoy 69 de estos organismos, después de tres años frenéticos en los que la Xunta ha promovido un total de 52 organismos de todo tipo que ahora engrosan la denominada «administración paralela». Su alto coste provoca ya que se baraje la eliminación de alguna de ellas.
De acuerdo con los datos del último Informe Económico-Financiero del Sector Público Empresarial de la Intervención General del Estado, la Comunidad cerró 2006 con más fundaciones públicas autonómicas que Madrid y Cataluña juntas (62 frente a las 25 de Madrid y 28 de Cataluña). Sólo en 2006, en su primer año completo de mandato, la Xunta puso en marcha 45 de estos organismos en la Comunidad. Valencia, por ejemplo, cerró ese año con una nómina de 33.
Las actividades a las que se dirigen estas entidades de nuevo cuño -en las que la Xunta mantiene en la mayoría de los casos un 100%del gasto- van desde la investigación piscícola y cinegética a la supercomputación, pasando por la tutela de adultos, el ciclismo o el desarrollo comarcal. También se creó un entidad para «la actuación en países en situación de catástrofe, conflicto violento, guerra o carestías»: la Agencia Humanitaria de Galicia.
El «engorde» de la «administración paralela» autonómica es una denuncia común a todo el espectro sindical gallego, que en junio se manifestaba contra el aumento de los «chiringuitos» de la Xunta. Galicia amamanta en la actualidad a 131 organismos: 69 fundaciones, 25 sociedades mercantiles públicas, 13 organismos autónomos, 12 entidades de derecho público, once consorcios y una agencia pública. UGT, CC.OO., CIG y CSI-CSIF criticaban entonces los 1.060 millones de euros (167 más que en 2007) invertidos por la Xunta en entes «de derecho privado que quedan al margen y contratan a dedo».
Más allá de las fundaciones, el bipartito gallego ha creado 17 organismos públicos (bajo la figura de consorcios, ente y sociedad mercantil pública) en sus tres primeros años de gestión. Ha disuelto muchos menos, tres. Las áreas socialistas han alumbrado nueve; el BNG, ocho. Touriño echó el cierre a dos de estas entidades y Quintana hizo lo propio con una.

Fuente: ABC, 30 de octubre.

4/10/08

La necesaria muerte de una generación

Alguien dijo que cuando se hunde una ideología, se hunde la generación que la ha llevado a cuestas. El marxismo se hundió pero sus acarreadores copan hoy los puestos dirigentes del Estado. Son los del 68, los que se dieron cuenta que el negocio estaba en apuntarse al PSOE tras haber hecho méritos antifranquistas.

La sanidad pública de la Generalidad catalana está en quiebra técnica. Su gerente, un tal Francesc José María Sánchez, ha sido destituido tras convertirse, dicen, en el más odiado rector de su historia reciente. Deja, por ejemplo, una sentencia judicial que obliga a pagar al para-Estado catalán entre 70 y 100 millones de euros a médicos jubilados indebidamente. Calixto Corral, otrora "empresario del año" y modelo del éxito por el ascenso social, está huído, en paradero desconocido tras dejar a su empresa, Fincas Corral, arruinada e inmersa en un sainete entre laboral y judicial. ¿Qué tienen en común estos dos sujetos? Ambos son ex camaradas de un marginal partido marxista-leninista-maoísta de la Transición, el PTE, y ambos medraron al calor del aparato socialista desde que el PTE se fundiera en el PSOE.

El primero como político profesional, el segundo como empresario. El primero como un abogado de patronos que destacó por su dureza en contenciosos contra trabajadores y hasta vincularse estrechamente en la actualidad con el cacique socialista de Reus, Josep Abelló, presidente del Consorci Hospitalari de Catalunya y ex diputat. El segundo hasta lograr una estrecha relación-amistad con Celestino Corbacho, cacique socialista de Hospitalet de Llobregat, prohombre del socialismo catalán y actual ministro. Dicen que se enemistaron hace no mucho por intereses urbanísticos (que si recalifícame esto o aquello...). Y es que Corbacho nunca ha sabido distinguir muy bien estre lo privado y lo público. Ejemplos: un agradecido constructor que, curiosamente, había sido bendecido por diversas licitaciones municipales le regaló a él y a un centenar de cargos del ayuntamiento hospitalense unos décimos de lotería que, casualmente, acabaron siendo premiados con 14 kilos. Fue imputado por la Justicia para nada, obviamente. Y le han salpicado otros escándalos como los de Iniciatives i Programes SL, Sidecar, La Farga SA... también, para nada, naturalmente.

Estos son ejemplos descollantes de aquel asalto al poder que emprendieran tantos y tantos camaradas desde que se dieron cuenta en la Transición que los votos para poder pillar cacho los tenía el PSOE. Pero otros muchos se empotraron en escalafones intermedios menos públicos pero también lucrativos. A Corral le acompañó durante 20 años en sus andanzas empresariales un tal Bartolomé Muñoz, actual tesorero de Pa, Treball y Llibertat, una asociación catalana de antiguos militantes y simpatizantes del Partido del Trabajo y la Joven Guardia Roja presidida por... Francesc José María Sánchez. En su acta de constitución decidieron que el primero de sus fines era "solicitar una subvención para proyectos dirigidos a la recuperación de la memoria democrática" al para-Estado catalán.

Esta asociación es prima hermana de la "asociación por la memoria histórica del Partido del Trabajo de España y de la Joven Guardia Roja de España" que forman antiguos militantes y simpatizantes. Constituida en marzo de 2006 cuando su fino olfato para el vicio de trincar les advirtió que el proyecto de la memoria histórica zapateril iba a ser un buen negocio... ¡a por la pasta! Las subvenciones públicas del Estado para 2008 han sido de 30.000 euros para financiar sus actividades, dicen que para recopilar la memoria de la izquierda antifranquista.

La salvación de España pasa por la muerte de esta generación.

6/2/08

Ni a derechas ni a izquierdas: en blanco

Hace tiempo que algunos tenemos el convecimiento que aquí se vota al PP o al PSOE, de la misma manera que se te exige ser del Madrid o del Barça. Es una identificación irracional la que hace optar a la mayoría de los españoles por una u otra trinchera, independientemente de los programas electorales o de los respectivos comportamientos políticos recientes. Por eso, el caso De Juana o el conchabeo de ZP con ETA no va a pesar en casi nadie el 9-M: sus votos ya estaban decididos.

Se es y se vota a unos mitos idealizados, a una derecha o a una izquierda que ni han existido en España ni, mucho menos, existen ahora. Se es y se vota de acuerdo a unos sentimientos personales confundidos en recetario político que ninguna facción de la partitocracia reinante hace suyos, pero que los toscos españolitos se empeñan en adjudicarles. Por eso, a día de hoy las dos Españas están empatadas en los sondeos previos.

La española es una democracia inmadura en la que no se castiga a la casta política por su mal gobierno. Se debe a nuestra historia contemporánea y al carácter iletrado e inculto de nuestra sociedad. Los escándalos y la corrupción de nada suelen servir, salvo que se conviertan en un auténtico asalto al Estado y a las arcas públicas como al final de la era psocialista de González.

En las elecciones de 2004, a tres de cada cuatro votantes mayores de 30 años les resbaló olímpicamente la campaña y los programas electorales. Y los acontecimientos del 11, 12 y 13 de marzo sólo sirvieron para que los izquierdistas que iban a quedarse en casa el domingo de elecciones se decidieran por participar para echar a la derecha.

Sociológicamente, se sabe, que la mayoría de los españoles se dice de centro-izquierda. Por eso se sabe que a mayor participación mejores perspectivas de victoria psocialista. En 2004, el 50% de los votantes menores de 30 años votaron a ZP y el 19% a Rajoy. Y de los que votaron al PSOE el 27% lo hizo porque afirmaban que era el que mejor representaba sus ideales, el de un 23% fue un voto anti-derecha y sólo un 15% votó a la facción de Ferraz como consecuencia del 11-M.

Sólo unos pocos españoles votan con espíritu crítico, firmeza ideológica y coherencia política. Los patriotas republicanos somos de esta honrosa minoría y acudiremos a las urnas el 9-M para votar en blanco porque es la táctica adecuada en una estrategia de ruptura democrática con el régimen juancarlista.

De hecho, un régimen como el actual sólo puede desaparecer de dos maneras: por derrocamiento o por desmoronamiento interno. Consideramos sumamente improbable, aunque no imposible, la segundo. Reafirmar la estrategia de derrocamiento implica favorecer la apertura de un periodo de crecientes movilizaciones populares, depurándolas de las ilusiones en la constitución de 1978 que han caracterizado a las importantes acciones de masa de los últimos años.

Algunos grupos políticos nuevos republicanos llaman a la abstención, manifiestando también una actitud de rechazo coherente al régimen. Aunque se puede valorar positivamente cierta abstención consciente debe ser descartada finalmente pues puede favorecer la pasividad y la despolitización. El voto en blanco, en cambio, supone llevar de forma activa el repudio al régimen a sus propias instituciones. Es una táctica de deslegitimización de la actual casta partitocrática.

El 9 de marzo, los patriotas republicanos votaremos en blanco... contra el régimen y por España.

10/11/07

Las dos Españas

Se habla de aumento de la crispación pero es algo más profundo. El paso del tiempo proporciona, sobre todo, perspectiva. Y para la reflexión sobre la Historia es la herramienta imprescindible.

Desde hace un tiempo, no mucho, es perceptible como un combativo sector de la derecha española está perdiendo el acomplejamiento bajo el que aún yace la mayoría de sus correligionarios. Se reconocen ahí, en la derecha, sin coartadas. Es una derecha que revisa nuestra historia más reciente, franquismo incluido. Es lo que muchos centristas han querido hacer desde hace mucho tiempo pero no han podido... Lo dejó bien claro Mayor Oreja cuando aseguró que el franquismo fue aceptado por una gran parte de los españoles... aquellos que conformaron el tan manido franquismo sociológico. Y el potencial de esa derecha desvergonzada que surge es que tendrá una base sociológica sólida en la mitad de los españoles, continuadora de aquella mayoría conservadora y clerical que aupó y mantuvo a Franco en el poder.

Esto preocupa a la izquierda. Entre otras cosas porque pone fecha de caducidad a su pretendida superioridad moral. Los comunistas y muchos socialistas esconden su identidad totalitaria y antidemocrática en su pedigrí antifascista. Pero el franquismo fue lo que fue y no un régimen totalitario fascista. El paso del tiempo pone a cada uno en su sitio... De ahí su imprescindible necesidad de una Ley de la Memoria Histórica que más allá de permitirles ganar ahora aquella guerra que perdieron en 1939, perpetúe bajo el ordenamiento jurídico su verdad y su supremacía ética y moral. Porque esta ley rompe definitivamente con lo que pudiera quedar del consenso de la transición respecto a nuestro pasado histórico más reciente. Y lo hace desde el maniqueísmo: nosotros somos los buenos y ellos, la mitad de los españoles, son los malos. Mientras éstos y sus herederos lo continúen aceptando el statu quo seguirá garantizado, pero ¡hay! como triunfen esos subversivos agitando sus conciencias y su orgullo.

Pero además, esta nueva derecha sin complejos está dando un paso más allá, a veces sin querer, y amenaza con orillar a los dirigentes entronizados del centroderecha español. Porque se muestra cada vez más crítica con dicho statu quo y, por ende, con el régimen que lo corona. ¿Por qué? Porque acontecimientos puntuales de los últimos casi cuatro años han sido analizados y entendidos como los jalones de un cambio de régimen en marcha al que no son ajenas las más altas instancias. Y esto sí que asusta a los tontos útiles de la derecha monárquica y solivianta a los prohombres de la izquierda juancarlista. ¿A qué si no se debe la desaforada ofensiva por abortar a la Cope, silenciar a El Mundo o fusilar (figuradamente decía la escritora) a Jiménez Losantos? Deben presentir un grave peligro cuando el jefe del Estado, el presidente del Gobierno o el democristiano Durán Lleida entre otros muchos exigen, nada más y nada menos, que cercenar la libertad de expresión.

No es que se trate de la petición de un periodista de El País del cierre de esas empresas de medios de comunicación o de las sempiternos espumarajos de los nacionalistas antiespañoles, es que son todos los dóbermans de la pluma y el papel encabezados por esa gran periodista que abría los telediarios con mítines desde la cárcel de los terroristas de los GAL los que se están lanzando a las yugulares. Asistimos a un acoso como nunca se había dado. Es una verdad como un templo incluso para los que la clerical Cope no es santo de su devoción. En estas ocasiones se aprecia en toda su rutilancia la hegemonía moral de la izquierda. Con el episodio de los boicots del PSOE a Telemadrid y del PP a Prisa en la memoria, ¿alguién se imagina los alaridos de la izquierda visible si alguien osara pedir el silencio para Gabilondo? Lo más seguro, como debió decir la lideresa, es que Juan Carlos I de Borbón lo invitaría a palacio a comer.

"La ingratitud es oficio de reyes pero los Borbones se exceden", dijo el vizconde de Chateaubriand. ¿Se hará republicana la derecha española?