Mostrando entradas con la etiqueta bancos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta bancos. Mostrar todas las entradas

4/3/09

El sistema financiero se derrumba

Por Manuel Freytas. Fuente: IAR Noticias.

Las señales claras del colapso generalizado (y permanente) de las bolsas mundiales con Wall Street a la cabeza, es indicativo de que la ola de la "burbuja financiera" del capitalismo especulador sin fronteras, la reproducción del dinero por el dinero el mismo, se desmorona sobre las mismas lacras que inventó: El reinado del "apalancamiento financiero" (el endeudamiento sin respaldo) y la "economía de papel" fundada sobre el cadáver de la economía real.

En medio del colapso recesivo (que ya devino en depresión económica mundial) los mercados financieros cerraron el lunes un proceso encadenado de caídas con otro "gran estallido" de Wall Street, con el Promedio Industrial Dow Jones derrumbándose por debajo de los 7.000 puntos por primera vez en 12 años, y arrastrando en su debacle a todas las bolsas mundiales.

A tono con un escenario internacional poblado de rumores sobre una "recesión prolongada", los "inversionistas" se sumaron este lunes a una ola "vendedora" global que empezó en Asia y se propagó a todos los sectores recalando finalmente en Wall Street (la catedral financiera del mundo "globalizado"), desde las acciones financieras hasta las de tecnología.

El Dow Jones perdió 4,2% para quedar en 6.763,29 unidades, su nivel más bajo desde abril de 1997. El índice perdió casi un tercio de su valor este año y más de la mitad desde su máximo de octubre de 2007.

El índice Standard & Poor's 500 se acercó peligrosamente a caer por debajo de los 700 puntos y cerró en 700,82 unidades, tras descender 4,7%, y el Índice Compuesto Nasdaq, donde predominan las firmas de tecnología, declinó 4%.

El Dow, ha caído durante 10 de las últimas 12 jornadas y ha perdido 7.401 puntos respecto a su máximo de 14.164 enteros alcanzado en octubre de 2007. Robert Pavlik, estratega jefe de mercado para Banyan Partners LLC dice que sus clientes sienten más agotamiento que temor. El sentimiento es "¿por qué debería saltar en frente de un tren?", señala.

El estallido bancario y bursátil continuado en EEUU y en las potencias centrales del "capitalismo globalizado", señala claramente que la "burbuja financiera" desde hace rato está bailando en el Titanic.

Por falta de "efectivo" en ventanilla, finalmente la "economía de papel" hizo crash, chocó contra la realidad, y comenzó a hundirse a la hora señalada ante la impotencia manifiesta de sus creadores y sostenedores: Los Estados centrales del sistema capitalista.

Desde que estallara el colapso bancario y bursátil en septiembre del 2008, el sistema nunca pudo recuperarse, y finalmente la crisis de la "economía de papel" terminó impactando en la "economía real", primero en las metrópolis imperiales de EEUU y Europa, extendiéndose luego por toda la periferia "subdesarrollada" y "emergente" de Asia, África y América Latina.

"Septiembre de 2008 marcó un punto de inflexión en el proceso recesivo que se venía desarrollando en los EEUU a lo largo de ese año: estalló el sistema financiero y la recesión comenzó a extenderse rápidamente a nivel planetario al tiempo que se evidenciaban síntomas muy claros de tránsito global hacia la depresión cuya llegada comenzó a ser admitida desde comienzos de 2009", señala el analista económico Jorge Beinstein.

"Ahora asistimos a un encadenamiento internacional de derrumbes productivos y financieros acompañado por una mezcla de pesimismo e impotencia en el mas alto nivel de las elites dirigentes ante la probable transformación de la ola depresiva en colapso general", agrega Beinstein.

La filosofía especuladora del "apalancamiento" (una economía virtual montada sobre el crédito y el endeudamiento) estalló cuando la "falta de confianza" de los tenedores de bonos y acciones (el dinero de papel) los llevó a "efectivizarlos" en dinero real.

Allí se destapó la mentira y la falta de respaldo de centenares de billones de dólares transferidos por asentamientos financieros y papeles que, cuando los tenedores quisieron convertirlos en dinero contante y sonante se encontraron con la sorpresa de que el efectivo no estaba donde debería estar: Los bancos.

Hay expertos que sostienen que un equivalente billonario a más de un PBI de EEUU y Europa juntos circula en papeles sin respaldo de la "burbuja financiera" que se generó en Wall Street en la década del noventa desparramando ganancia especulativa a escala planetaria.

Las "súper-fortunas" personales, los "súper-activos empresariales" se nutrieron de este macro-robo monumental del capitalismo financiero especulador que inventó una economía paralela: La economía de papel.

Esa economía es la que hoy está estallando junto con los macrobancos y macroempresas que lideraron el desfalco capitalista y que hoy se encuentran con sus bóvedas sobrecargadas de papeles sin valor: La chatarra de la "burbuja financiera".

La caída del sistema del "apalancamiento financiero" (crecimiento de los negocios productivos y comerciales mediante el endeudamiento financiero sin respaldo) dejó una montaña de papeles inútiles llamados "activos tóxicos" que aún permanecen en la cartera de los bancos y empresas que controlan los sistemas financieros y económicos productivos de los países a escala global .

La "bicicleta financiera", o rueda perversa de la especulación, dejó un cementerio de "activos tóxicos" en poder de los bancos y las empresas que había diseminado la "burbuja" a escala global.

"Los banqueros no los "blanquean" por temor a mostrar que están quebrados", señala el analista de izquierda Jorge Altamira. "Ningún capitalista quiere oficializar sus pérdidas vendiendo los títulos sin valor que tiene en su propiedad, por lo cual sobreviven con ayudas estatales o compras temporarias de los bancos centrales", añade.

"Algunos estiman que si se pudieran hacer las compensaciones entre negocios cruzados - lo cual simplemente podría demorar algunos años-, la resultante neta serían aún unos 20 a 30 billones de dólares de deudas incobrables. El envío a pérdidas de todas estas sumas llevaría a la quiebra a la mayor parte del capital mundial", explica Altamira.

De acuerdo con Jorge Beinstein, "El capitalismo financierizado había entrado en una fase de expansión vertiginosa aplastando con su peso a todas las formas económicas y políticas. En 2008 los Estados centrales (el G7) disponían de recursos fiscales por unos 10 billones (millones de millones) de dólares contra 600 billones de dólares en productos financieros derivados registrados por el Banco de Basilea a lo que es necesario agregar otros negocios financieros, según algunos expertos la masa especulativa global supera actualmente los mil billones de dólares (cerca de 20 veces el producto Bruto Mundial)".

Las señales claras del colapso generalizado (y permanente) de las bolsas mundiales con Wall Street a la cabeza, es indicativo de que la "burbuja financiera" del capitalismo especulador sin fronteras, la reproducción del dinero por dinero el mismo, se desmorona sobre las mismas lacras que inventó: El reinado del "apalancamiento financiero" (el endeudamiento sin respaldo) y la "economía de papel" fundada sobre el cadáver de la economía real.

Pérdida de confianza: Esa es la clave detonante de la fuga en masa del dinero de las plazas financieras internacionales según los analistas de Wall Street. Y esa pérdida de confianza por parte del "inversor" (particulares y bancos especuladores) va invariablemente asociada a la pérdida del control de los Estados imperiales sobre los sistemas financieros centrales.

En un ciclo de reproducción perversa del "dinero por el dinero mismo" (transferencias informatizadas a escala global) la dinámica de los grupos financieros súper-concentrados revela el predominio del capital especulativo (dinero sin fronteras) sobre el productivo, como dato más sobresaliente y distintivo de la llamada "globalización" del sistema capitalista en decadencia.

Como se sabe, y lo destacan una multitud de expertos, EEUU, la locomotora del sistema capitalista "globalizado", sustituyó a la "economía real" por la "economía bancaria", o sea, sustituyó a la "economía de los recursos genuinos" (respaldados por la producción) por la "economía de los papeles" (acciones de deuda sin respaldo) circulando por los mercados financieros globales.

Durante el proceso del "boom inmobiliario" en EEUU que devino en la "burbuja hipotecaria" a escala global, la Reserva Federal mantuvo las tasas bajas, las calificadoras otorgaron "credibilidad" y "seguridad rentable" a los bonos, y la prensa financiera (a través de los analistas de mercado) publicitó la ola inversora de la "burbuja hipotecaria" a escala global.

Todo estaba de "buena onda" y la acumulación capitalista funcionaba de maravillas con la "burbuja" y el festival de bonos y acciones del negocio inmobiliario de EEUU "globalizado" por medio de los grandes bancos y fondos de inversión que los esparcían y le exprimían rentabilidas finaciera escala global.

De pronto llegó la "crisis", y desde septiembre del año pasado, la Reserva Federal y las "autoridades monetarias" del capitalismo cambiaron de la "buena" a la "mala onda": Comenzaron a subir las tasas e inyectar dinero en el mercado para "salvar al sistema" mientras vaticinaban (y siguen vaticinando) sombríos pronósticos para EEUU y la economía mundial.

En resumen, y como resultante del proceso, los tenedores de los bonos subprime "desvalorizados" comenzaron a venderlos en masa generando un colapso generalizado (de todos los índices y acciones) de los mercados financieros en EEUU, Europa, Asia y América Latina.

Los gigantes bancarios e hipotecarios comenzaron a derrumbarse arrastrando consigo a todo el sistema financiero imperial de EEUU y de Europa.

Y llegó el "lunes negro" de septiembre de 2008 donde la quiebra del gigante Lehman Brothers marcó el principio de un salto cualitativo: La crisis hipotecaria devino finalmente en crisis del crédito caracterizada por una iliquidez pronunciada y creciente del sistema financiero.

Y llegó la hora del "salvataje financiero".

Desde el estallido financiero, los bancos centrales de EEUU, la Unión Europea, Suiza, Canadá, Japón y Reino Unido se han visto obligados a reaccionar ante el derrumbe bancario y hundimiento generalizado de las bolsas y a ejecutar una nueva macro-operación rescate del sistema financiero afectado por un mal que parece incurable: La iliquidez, convertida en el principal retroalimentador de la crisis.

Paradojalmente, EEUU y la Unión Europea, exportadores universales de las doctrinas de "libre mercado" y "libre comercio" tuvieron que acudir a la regulación y al salvataje estatal de las entidades suprafinancieras para salvarlas de la quiebra y recobrar la "gobernabilidad del sistema".

Para Jorge Beinstein, "La intervención masiva del Estado como salvador supremo del capitalismo y lo que estamos presenciando es la más completa ineficacia de los Estados de los países centrales para superar la crisis. En realidad la avalancha de dinero que arrojan sobre los mercados auxiliando a los bancos y a algunas empresas transnacionales no solo no frena el desastre en curso sino que además está creando las condiciones para futuras catástrofes inflacionarias, próximas burbujas especulativas".

Para Jorge Altamira el "salvataje" fracasó porque "el núcleo de la crisis sigue allí, como desde el primer día. La masa de los llamados 'activos tóxicos' continúa siempre en la cartera de los bancos, compañías de seguros y de inversoras de capital, y de los fondos creados a la sombra de ellos. Los llamados negocios derivados originados por estos pulpos suman unos 550 billones de dólares, o cuarenta veces la economía de los Estados Unidos".

Para Altamira, "La solución de este problema pasaría por la nacionalización general de los bancos, pero esto transfiere a la política, o sea al Estado, la tarea de arbitrar las pérdidas y confiscaciones que, de cualquier modo, o invariablemente, deberá sufrir el capital, tanto el pequeño como el más grande".

"El plan de relanzamiento económico de Obama, que acaba de aprobar el Congreso norteño, no encara esta situación: se trata de un plan de gastos y de rebaja de impuestos por apenas el 5,5% del PBI norteamericano para los próximos diez años, aunque el 80% de él se consumirá en dos años".

"Pero la sola perspectiva de una nacionalización está a punto de quebrar al 'establishment' norteamericano. Esta es la crisis política de Obama", agrega Altamira.

En definitiva, el derrumbe "en continuado" de los símbolos quebrados de la "burbuja financiera" (los bancos y las bolsas de la la "economía de papel") ya comenzó a escribir la palabra "crash" en el almanaque del sistema capitalista nivelado como "civilización única" a escala global.

23/1/09

Desmontando los mitos del capitalismo

Esta crisis está desmontando diversos mitos del capitalismo. El primero, que el capital privado es capaz de gestionar una empresa mejor que el capital público. El crac financiero mundial ha demostrado la absoluta falsedad de esta premisa, algo que la simple y sencilla lógica ya evidenciaba: será la buena o mala gestión la que determine el éxito o la ruina. No hay que ser muy listo para darse cuenta de que hay empresas públicas muy rentables y otras deficitarias; igual que hay empresas privadas muy rentables y otras deficitarias. La única diferencia radica en quién se lleva los beneficios de una empresa exitosa y quien tiene que afrontar las deudas cuando la empresa se arruina. Así, como el capitalismo no es más que el sistema preferido de los más ricos y poderosos, de los oligarcas socio-económicos, éstos se han encargado de inventar el mito del que hablamos dándole una apariencia respetable gracias a las teorías de economistas liberales y a todo un ejército de propagandistas y publicistas.

Cuando todo va bien se quedan con los beneficios y cuando todo va mal exigen que los demás apechuguen con sus nefastas cuentas de resultados. Pero como son los más ricos y poderosos, sus empresas son las más grandes e importantes. Emporios empresariales cuya quiebra supone gravísimas repercusiones, a veces traumáticas, en las economías y sociedades de sus países. Cuando ocurre, sus números rojos tienen tantos dígitos que sólo una institución es capaz de acudir en su rescate: el estado. En ese momento, sacan inmediatamente a sus voceros a la calle para exigir la ayuda pública, la ayuda del estado, la ayuda de la nación. Y a continuación, sus políticos –los que tienen en nómina y los tontos útiles– concluyen la operación y dan la puntilla a cualquier resistencia que pudiera surgir en el pueblo; mintiendo para vender que el salvamento de los plutócratas es el mal menor ya que su quiebra perjudicará principalmente a los trabajadores.

La crisis en curso lo ha vuelto a demostrar: cuando el sistema financiero de un país quiebra tiene que acudir el estado, la nación, en su rescate. En tiempos recientes ocurrió en Suecia o en Japón y ahora en la cuna del capitalismo. Que los entramados bancarios estadounidense y británico hayan saltado por los aires, además de ser un indicador de las magnitudes de la depresión mundial hacia la que marchamos, no ha movido a la reflexión seria y crítica de los adalides del liberal-capitalismo. Pretenden desviar la atención echando las culpas a la voracidad y avaricia de los directivos y gerentes, sin mentar las responsabilidades últimas de los propietarios banqueros. Y como saben de la estulticia de las masas de individuos-consumidores, proponen por toda solución nuevos códigos de conducta y más vigilancia para que excesos como éstos no vuelvan a suceder. Pocos son los que denuncian que esto no tiene solución en el capitalismo porque medidas tan cándidas van contra su propia naturaleza, contra su esencia misma: la única y exclusiva obtención de un beneficio económico, pese a quien pese. Aún en el supuesto de que los mandamases de los G-20 y G-8 y G-7 y otras G establecieran nuevas normas y más vigilancia, nada cambiará. Es más buenismo, más infantilismo… Es como creerse el discurso de Obama en su pretensión de que va a cambiar el mundo.

En EE.UU y el Reino Unido el dinero público ya ha entrado a raudales en los bancos amenazados. En EE.UU 340.000 millones de euros, en Europa otros 205.000 millones, en total 545.000 millones. Primero comprándoles sus “activos tóxicos”, los que ya no tienen valor ni lo van a tener nunca, a precio de amiguetes, de contubernio. Y tras no dar resultado, ahora, capitalizándolos, nacionalizándolos. Convirtiéndose el estado en accionista mayoritario y en su nuevo gestor. ¿Dónde están los liberales y sus convicciones de que la gestión privada es más eficiente que la pública? ¿Es que sólo son aceptables los directivos del estado y sus directrices y órdenes cuando se trata de apagar un incendio y de reflotar una entidad arruinada?

En EE.UU entidades como AIG o Fannie Mae y Bernie Mac ha recibido más de 100 mil millones, Citigroup 46 mil, JP Morgan y Wells Fargo 18 mil, Bank of America 15 mil, Goldman Sachs y Morgan Stanley 7 mil… En el Reino Unido, RBS 25 mil, Lloyds/HBOS 21 mil, Barclays 15 mil… En Benelux, Fortis 11 mil, ING 10 mil, Dexia, 6mil… En Alemania, Hypo Real State 35 mil, West LB 23 mil, Sachsen LB 17 mil, IKB 9 mil, Commerzbank 8 mil… En Francia Credit Agricole, BNP, Societe Generale y otros más de 10 mil… En Suiza, UBS 3 mil…

La más reciente “salvación” en EE.UU ha sido la del Bank of America que recibirá 15 mil millones de euros y dispondrá de otros 90 mil millones para tapar sus agujeros por la compra de Merril Lynch (que había comprado en noviembre por 37 mil millones). O sea, dinero público para financiar la compra de un competidor privado por un banco privado. Por cierto, Bank of America ha cerrado 2008 con casi dos mil millones de beneficios.

Esto no ha hecho más que empezar. Cada día son más bancos los que advierten de su negro porvenir. En Londres, capital financiera mundial, todo se ha derrumbado y ya se prepara un nuevo plan de rescate. En Madrid, el Banco de España y el gobierno ya han advertido de que la salvación de algunas entidades es cuestión de tiempo. Aquí tampoco va a funcionar la “compra” de los activos tóxicos. Y todo esto es más sangrante cuando se repasan los beneficios de todas estas entidades bancarias y financieras durante los años del pelotazo y de la burbuja, del gran engañabobos, de la grandísima falacia de que éramos más ricos que nunca pero menos que mañana. Esas ganancias en 2001 fueron de 8.691 millones de euros, en 2002 de 5.780 millones, en 2003 de 6.293, en 2004 de 7.766, en 2005 de 12.334, en 2006 de 15.730, en 2007 de 18.877, y el año pasado, pese a todo, de 17.974 millones. Beneficios que volverán a engrosar sus cuentas corrientes cuando todo esto pase –si es que se soluciona en nuestro caso. Porque, a modo de corolario de esta gran estafa, cuando se sanean estos bancos vuelven a ser privatizados, el estado repliega velas y los devuelve a sus anteriores propietarios, a los magnates y a sus gestores, que retornan ensalzados por el coro mediático que repite el mantra de que son más eficaces para la gestión que los que acaban de sacar a su banco del pozo.

Ahora bien, si esto es así, si ésta es la realidad incuestionable, todas las críticas de los liberal-capitalistas a la nacionalización del sistema financiero pierden su razón. Si la aceptan en un momento dado, ¿por qué no puede prolongarse indefinidamente esa situación? Tal y como muchos ciudadanos se preguntan ¿por qué se nacionalizan las pérdidas y se privatizan los beneficios? ¿Por qué tenemos que pagar todos las deudas de los banqueros si no vemos ni un euro cuando reparten beneficios? Y es que la única justificación de los capitalistas es la apropiación de los beneficios producidos por parte de unos en detrimento de otros: por parte de los oligarcas en detrimento de los ciudadanos-trabajadores, de la nación. Esto es así porque, además, el único móvil de la oligarquía es el del beneficio económico al margen de cualquier otra consideración, mientras que el leit motiv de una sistema bancario nacional, público, estatal, es no sólo su rentabilidad contable sino la de la satisfacción de las necesidades de la comunidad nacional derivadas de los servicios crediticios que son su razón de ser. Es la primacía de la dimensión política sobre la visión economicista.

Pero de la misma manera que este es el principio rector de nuestra apuesta y propuesta –que sea el conjunto de la nación la que se beneficie y no una oligarquía de privilegiados–, las experiencias históricas nos señalan cuáles han sido los medios de gestión de organismos públicos que han fracasado y por qué. Es nuestra convicción que de la misma manera que no se puede identificar propiedad privada con gestión eficaz tampoco se puede vincular propiedad pública con gestión ineficaz. La condición primigenia por la que el poder político nacional es el único vector directriz de esa banca nacional no implica que deba ser ineficaz, corrupto e incompetente. Es irrenunciable una premisa, la dirección política debe ir de la mano de gestores eficaces, de directivos competentes, nombrados tanto por su identificación política como por su competencia profesional. Los liberal-capitalistas dirán que esto no es posible, pero el reto que se nos abre es precisamente éste: ¿por qué un empleador público no puede seleccionar competentes profesionales en la misma manera que lo puede hacer uno privado? ¿Es que en este último caso, el empleador privado no le exige un cierto grado de “sintonía” con su propia “visión del mundo” al empleado seleccionado? En definitiva, las ciencias actuales vinculadas al Trabajo, a su organización y gestión, ofrece herramientas suficientes para que esto se posible. Con todo, somos conscientes que el vigente sistema de empleados públicos, de funcionarios, que remonta sus fundamentos al siglo XIX está caduco y que requiere de un replanteamiento absoluto.

Por último, se criticará esta propuesta arguyendo que una economía con sectores nacionalizados no atraerá inversión extranjera. No se trata de traer a escena el caso de China, una economía controlada por el estado comunista que no por ello carece de inversiones foráneas. No se trata, tampoco, de recordar que los capitalistas invierten allí donde pueden obtener beneficios. Pero sí, para acabar, recordaremos algunos datos objetivos. En la actualidad, un puñado de oligarcas acapara más del 45% del capital de las empresas cotizadas en España. En los últimos años se ha producido una concentración de los títulos de la Bolsa en pocas manos de tal manera que los accionistas significativos (aquellos con participaciones superiores al 3% de una compañía) controlan el 44,5% del total de las acciones en circulación. Además, los consejeros de estas compañías controlan otro 11% y las autocarteras otro 1%, lo que deja sólo el 43,5% de las acciones totales en libre circulación. Así las cosas, los inversores extranjeros ya encuentran escasos atractivos para invertir en el mercado capitalista actual.

2/1/09

El PSOE y su IPREM

Las recientes encuestas publicadas constatan lo evidente: ZP y su psocialismo son inaccesibles al desaliento. Millones de electores seguirán votándoles. Da igual lo que hagan, da igual lo que digan... Da igual las denuncias de sus mentiras y engaños. Da igual que se denuncie su carácter antidemocrático, antisocial o antinacional. Da igual que el PSOE sea el partido de la aniquilación del pueblo español. Mucho se ha escrito sobre los motivos pero un hecho es evidente: millones de electores están perdidos para cualquier proyecto de salvación de España.

Hace unas semanas se desveló que el gobierno de ZP había aprobado la rebaja fiscal para los grandes accionistas de los bancos, los miembros de sus cúpulas, sus altos ejecutivos y toda su familia incluyendo tíos y sobrinos. Si hasta ahora debían tributar el 43%, el gobierno psocialista se lo dejó en el 18%. Algunos pusieron el grito en el cielo: ¡cómo un gobierno de izquierdas podía favorecer de manera tan descarada a los más ricos! ¡Qué vergüenza! Y es que todavía la inmensa mayoría creen que éstos son de izquierdas y los otros son de derechas por incultura, ignorancia, dogmatismo y comodidad.

Cuando ZP llegó al poder en marzo de 2004 había prometido el oro y el moro; entre otras cosas que subiría el Salario Mínimo Interprofesional (SMI). Pero ya en la Moncloa los suyos hicieron cuentas y llegaron a la conclusión de que no podían afrontar dicha promesa so pena de quebrar al Estado ya que el SMI era el índice de referencia utilizado para calcular pensiones, subsidios de desempleo, ayudas por viviendas, becas, etc. Decidieron seguir presumiendo de "políticas sociales" y, ni cortos ni perezososos, se inventaron otro índice que reemplazara al SMI en estos cálculos: el Índicador Público de Renta de Efectos Múltiples (IPREM). Se introdujo en julio de 2004 y es determinado anualmente por el gobierno en los presupuestos generales. Desde su creación se ha incrementado menos que la inflación (salvo en 2007). Así, en 2008 el IPREM mensual era de 516,90 euros/mes (17,23 diarios) y el SMI para este 2009 ya ha sido actualizado hasta los 624 euros/mes (20,80 diarios).

Muchos denunciarán esto que hemos comentado como ejemplos de la política antisocial del PSOE, impropia de un gobierno de izquierdas. Nosotros no. Nosotros afirmamos que son jalones en el proyecto antinacional de la izquierda realmente existente, en su hoja de ruta para la aniquilación del pueblo español como sujeto histórico.

13/12/07

Esterilidad frente a la partitocracia

Rosa Díez denuncia el portazo en las narices que ha recibido cuando se ha presentado ante la banca española pidiendo créditos para su campaña electoral. Créditos, que por cierto, acabamos devolviendo los españoles mediante la financiación pública de la casta partitocrática del régimen vigente. Y recuerda datos como que el PSOE debe a la banca más de 62 millones de euros, y el PP, más de 28 millones. O que el Santander perdonó 12 millones al PSOE en mayo de 2006 tras 19 años de impago y que Caixa Galicia condonó 2,6 millones al PP cuando éste llegó al poder en 1996. Aunque se olvida de denunciar el peculiar sistema bancario de las cajas de ahorro, entidades financieras al servicio exclusivo de las castas partitocráticas de los diferentes cortijos autonómicos.

El partido de Rosa Díez y de Fernando "me la suda España" Savater sólo va a servir para demostrar que el régimen vigente es irreformable... que los "fallos" que dicen encontrarle y que pretender "subsanar" son, en realidad, elementos consustanciales del mismo sin los que perdería su identidad y esencia misma. Su empeño será una pérdida de tiempo, energía y dinero... cuyo mejor servicio pasará por convencer a algunos españoles más de esta realidad.