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2/12/07

Los más listos

La Bolsa ha hecho mucho más ricos a los ricos. El largo periodo alcista que vive la renta variable se refleja en el valor de mercado de las participaciones de los grandes patrimonios españoles. Al cierre del ejercicio 2003 los paquetes accionariales de las 20 mayores fortunas de la Bolsa valían 16.628 millones de euros. Hoy día, esos títulos están tasados en 54.000 millones. En sólo cuatro años, han multiplicado por más de tres veces su valor. Ya hay ocho personas que tienen en Bolsa participaciones de más de 2.000 millones de euros.

En este periodo, Amancio Ortega se ha consolidado como el hombre más rico de España y uno de los 10 más acaudalados del mundo gracias a la gran revalorización de Inditex, empresa de la que es presidente y máximo accionista. En 2003, sus acciones en la cadena textil tenían un valor de mercado de 5.930 millones y ahora suman 17.600 millones. De la revalorización del grupo gallego también se ha beneficiado su ex mujer, Rosalía Mera, cuyo 7% del capital alcanza los 1.740 millones.

El primer puesto de Ortega en esta particular lista es, hoy por hoy, inalcanzable para el resto. Sin embargo, en los escalones siguientes se ha producido una pequeña revolución. La familia Del Pino, propietaria de Ferrovial, ha perdido el segundo puesto del escalafón de grandes fortunas en favor de otra familia constructora, los Entrecanales.

A la familia Del Pino (que pese a todo ha doblado su patrimonio) se le ha atragantado la compra del gestor aeroportuario británico BAA, penalizada por el mercado en los últimos meses. A los dueños de Acciona, sin embargo, todo les ha ido de cara. Las plusvalías por la venta de Airtel (hoy Vodafone) y de su paquete en FCC, así como la incursión en la energía eólica y la compra de Endesa han supuesto que sus títulos en Acciona valgan 8.786 millones frente a los 1.660 millones de 2003.

Otro exponente del boom del ladrillo, Manuel Jove, ocupa el cuarto lugar. Los 2.000 millones de plusvalías que obtuvo por la venta de la inmobiliaria Fadesa le han servido para comprar el 5% del BBVA y ser su primer accionista individual. Una inversión que, por ahora, ha perdido valor. Compró en julio pasado, antes de la crisis de las hipotecas basura en EE UU, a un precio de 18,10 euros por acción y las acciones del banco valen hoy 17 euros.

Pero no todo han sido alegrías. La era dorada de la construcción también ha dejado sus ángeles caídos. El caso más emblemático es el de Enrique Bañuelos. Cuando Astroc empezó a cotizar en mayo de 2006, la participación de Bañuelos se tasó en 775 millones. Tras una escalada vertiginosa, las acciones tocaron su máximo a finales de febrero de 2007. Ese día, el paquete de Bañuelos valía 4.538 millones (llegó a estar en el puesto 95º de la lista de la revista Forbes). El posterior batacazo bursátil de la inmobiliaria y las desinversiones han hecho que el patrimonio de su ex presidente se quede en sólo 262 millones.

Aparte de las jugosas plusvalías latentes que han atesorado las participaciones bursátiles de las grandes fortunas en los últimos años, sus cuentas corrientes han recibido una nada desdeñable inyección de liquidez vía dividendos. Los cinco ejercicios consecutivos de ganancias récords entre las compañías cotizadas se han dejado sentir también en la retribución al accionista. Y los grandes inversores son los más beneficiados. Los principales patrimonios bursátiles del país han recibido 3.253 millones en dividendos desde 2003. Un dinero que, por ejemplo, daría para comprar el 100% de Iberia.

En algunos casos, el aumento del valor de las participaciones es producto, además de la revalorización de los títulos, de nuevas compras de acciones. La etapa de créditos baratos, donde los dividendos recibidos bastaban para pagar los intereses de los préstamos, han facilitado que inversores de pedigrí se reforzaran en el capital de las compañías. Ejemplos de pulsos entre accionistas se han dado en ACS, donde Florentino Pérez, la familia March y Alberto Cortina y Alberto Alcocer han ejecutado un reguero de compras en los últimos años.

Cada etapa bursátil genera sus propios millonarios. A finales del siglo pasado fueron los empresarios puntocom y en los últimos años los beneficiados han sido los reyes de la construcción. Ahora parece surgir una nueva casta: los ricos vinculados a las energías renovables. Cinco meses han bastado a la familia Díaz-Tejeiro, propietaria de Solaria (productora de placas solares) para colarse en el gotta bursátil español con un patrimonio superior a los 1.000 millones.

Fuente:
http://www.elpais.com (2/12/2007)

1/12/07

Cifrando los privilegios forales (II)

Las comunidades autónomas con más ingresos netos por hogar fueron Navarra (29.845 euros) y Madrid (27.718 euros), mientras que Extremadura (17.910 euros) y Andalucía (20.268 euros) fueron las que tuvieron menores ingresos, según los datos de la Encuesta de Condiciones de Vida, difundida hoy por el INE y que recoge datos de 2005.

Extremadura es la región con un mayor índice de pobreza (38,6%), casi el doble que la media nacional (19,9%), mientras que Navarra y País Vasco presentan porcentajes muy inferiores, del 9,8% en ambos casos. En cuanto a los ingresos por persona, también encabeza Navarra con 10.705 euros, seguida del País Vasco, con 9.995, y Baleares, con 9.913, frente a Extremadura (6.203) y Andalucía (6.859 euros).

Respecto al índice de pobreza, después de Extremadura se encuentran Andalucía (29,7%), Castilla-La Mancha (29,3%) y Canarias (28,3%). Las comunidades con menor porcentaje de pobreza son País Vasco y Navarra, ambas con el 9,8%, así como Baleares (11,5%) y Cataluña (12,1%).

Dos de cada 10 residentes en España (un 19,9% de la población) estaba por debajo del umbral de pobreza relativa el año pasado, según dicha Encuesta de Condiciones de Vida y que fija este límite en 6.860 euros al año. Los grupos más afectados por la pobreza relativa son las personas de 65 o más años, con un porcentaje del 30,6% por debajo del umbral y los menores de 16 años, cuya tasa es del 23,8%.

Fuente: http://www.elpais.com (30/11/2007)

17/5/07

El presente de las clases medias trabajadoras (II)

Como complemento a nuestro anterior artículo, cuatro puntos:

1º) El 77% de la solidaridad fiscal recae en los asalariados. ¿Qué significa esto? Sabido es que las rentas del trabajo pagan más a Hacienda que las rentas procedentes del capital (rentistas) o las generadas por actividades profesionales o empresariales. El estudio en cuestión (elaborado por el Instituto de Estudios Fiscales dependiente del Ministerio de Economía) lo que hacía era cuantificar estas aportaciones.

La solidaridad fiscal es la capacidad para redistribuir la renta nacional entre los ciudadanos. Así, y teniendo en cuenta que los salarios generan casi el 82% de la cuota líquida del IRPF, el estudio concluía que esa capacidad de redistribución de las rentas mediante el IRPF recaía en un 77% en los asalariados. El resto, lo aportan los rentistas, los profesionales liberales y los empresarios.


2º) Por otro lado, conviene apuntar cómo se desglosan los 186.572 millones de euros que el Estado prevé recaudar en el actual ejercicio (Presupuestos Generales de 2007) como ingresos impositivos: el IRPF aporta el 33% (31.950), el IVA significa el 31% (57.910), el impuesto de sociedades el 22% (41.641), los impuestos especiales el 10% (19.020). El restante 3% aparece bajo el epígrafe de "otros".


3º) A continuación se reproduce otro esclarecedor artículo sobre la realidad económica en la que viven las clases medias trabajadoras españolas. Se titula "El injusto reparto del crecimiento" y fue publicado en El Mundo (21/07/2006) por Roberto Centeno, catedrático de Economía de la Universidad Politécnica de Madrid.

«Dos de las consecuencias mas importantes de la falta de política económica del gobierno de Jose Luis Rodríguez Zapatero han sido la práctica ausencia de medidas que corrigieran la insostenible marcha de la economía e hicieran posible un aterrizaje suave, y más importante aún, aunque menos conocida, el cambio radical en el reparto del crecimiento o, si se prefiere, en el reparto de la tarta que constituye la renta nacional, a favor del capital y de los impuestos y en contra de las rentas salariales. Un cambio en la distribución primaria de la renta que se agrava todavía más en su distribución final, como consecuencia de una política fiscal que penaliza a las rentas medias y bajas y al ahorro de las familias, muy por encima de la media tanto de la UE como de la OCDE.

Empezando por la segunda, el PIB de un país puede medirse de tres formas diferentes: la primera, a partir del gasto total; la segunda, a partir de la producción total y, la tercera, a partir de las rentas recibidas por los propietarios de los factores productivos. Esta última nos mide precisamente cómo se distribuye la tarta constituida por la riqueza nacional entre el trabajo -rentas salariales- el capital -excedente de explotación- y el Estado -impuestos indirectos y de importación-.

Esta distribución primaria de la renta es un elemento esencial para evaluar la forma en que los asalariados -es decir la clase media y la clase trabajadora- se benefician del crecimiento, ya que una cosa es que la economía crezca y otra muy diferente cómo se reparte dicho crecimiento. Y en un régimen que se denomina a sí mismo socialista, habría que esperar que la parte de la tarta correspondiente al trabajo creciera, y ello no sólo en términos absolutos, sino también y particularmente en términos relativos.

Pues bien, nada más lejos de la realidad. El Gobierno de Zapatero, de manera muy similar a lo ocurrido con el reparto del crecimiento en Alemania en los años 30, se ha volcado a favor del capital y de los impuestos y en contra del trabajo, y, aunque como sucedió en la Alemania, todos han mejorado, el reparto de la riqueza creada se ha hecho y se sigue haciendo de forma absolutamente desigual.

Así, mientras que en el segundo trimestre de 2004, el último bajo Gobierno o con el impulso del PP, las rentas salariales representaban el 48,21% del PIB, el primer trimestre de 2006, después de dos años de Gobierno de Zapatero -que no socialista-, ésta cifra se ha reducido al 45,30%, es decir, las rentas del trabajo han perdido casi tres puntos de PIB, lo que representa una cifra enorme. Esto no ha ocurrido en ningún otro país de la UE.

Para ponerlo en términos mas comprensibles y a nivel individual: si la distribución primaria de la renta fuera hoy la misma que a principios del 2004, los asalariados ingresarían éste año 28.000 millones de euros mas de lo que recibirán, lo que representa unos 1.450 euros por asalariado y año menos que con el reparto de la riqueza nacional en la época del PP.

¿De qué sirven las medidas puramente demagógicas de Zapatero dedicando poco más de 1.000 millones de euros a elevar el salario mínimo, o los 1.500 millones que el Gobierno regalará para subvencionar contratos indefinidos de una sola vez, si cada año está restando 28.000 millones de euros a los asalariados y sumándolos al excedente bruto de explotación y la fiscalidad indirecta, la mas perjudicial para los trabajadores? Es, por tanto, una muestra de cinismo político que con la aplicación de ésta política de distribución de rentas se autodenomine sin asomo de rubor «patriota social». El tema empeora aceleradamente, ya que tanto el excedente bruto de explotación como los impuestos, están creciendo a una tasa un 50% superior a la remuneración de los asalariados.

Pero esto es sólo la distribución primaria, la distribución final, es decir, lo que resulta después de pagar los impuestos directos sobre la renta y sobre el ahorro de las familias, es todavía mucho más preocupante. Así, la fiscalidad sobre los asalariados en España, según el último informe de la OCDE, que recae sobre el trabajo resulta muy superior a la que soportan el resto de los factores productivos, y superior también a la media tanto de la OCDE como de la UE. En concreto, la presión fiscal sobre un trabajador que ganara justo el sueldo medio, casado y con dos hijos, medido como el porcentaje que representan los impuestos directos sobre las rentas salariales más las cotizaciones sociales, es del 50,2%, frente al 46,2% para la media de la UE, todo un ejemplo de política socialista.

Y por si esto fuera poco, la minirreforma fiscal de Solbes incrementa la presión fiscal sobre las clases medias, porque entre otras cosas no se tiene en cuenta el enorme efecto de la inflación, y se penaliza seriamente el ahorro de las familias. ¿Cómo pueden luego aducir como mérito que sube la recaudación?

Curiosamente, ante la política económica más antisocial no sólo de la democracia sino de la España contemporánea, pues aparte de lo ya señalado, nuestro crecimiento y nuestro nivel salarial relativos a la UE de los 15, son un 4% inferiores a la media europea del PIB «per cápita», mientras que los salarios son un 15% inferiores.

Y en estas circunstancias llega el 1 de Mayo ¿y qué dicen los sindicatos y sus dirigentes, Méndez y Fidalgo? Pues nada, ni pío del hecho económico más importante para la clase trabajadora en decenios, como es el injusto reparto del crecimiento, y una política fiscal que discrimina fuertemente al trabajo respecto al resto de los factores productivos, todo lo cual está incrementando la diferencia económica existente entre las clases media y trabajadora y las clases mas ricas. Por el contrario, con una miseria moral y un sectarismo fuera de lo común, los sindicatos se dedican a glorificar la II República, el periodo más negro y más sangriento de nuestra Historia. Esta no es manera de representar a los trabajadores.

Y respecto al primer tema tocado, la insostenibilidad de nuestro crecimiento, conviene destacar dos opiniones recientes sobre nuestra realidad económica, tanto por su impacto internacional como por la significación empresarial de quienes las formulan. El primero ha sido un análisis publicado por la mayor agencia de noticias, comentarios y evaluaciones económicas mundial como es Bloomberg, cuyo título es, por sí solo, realmente demoledor: «La explosión del espejismo español dañará al resto de Europa», y sus conclusiones clave son las siguientes:

a) «El crecimiento español es insostenible».
b) «Los desbalances han alcanzado tal magnitud que el aterrizaje suave es imposible», afirmación que además se realiza en base a datos ya superados por la realidad, un 8,9% de déficit exterior, que hoy supera ya el 10% del PIB, y con una tasa de inflación del 4,3%, medida por el deflactor del PIB.
c) El problema ya «no se arregla con una política fiscal restrictiva», algo que el Gobierno tampoco está haciendo. La afirmación de los analistas de Bloomberg es que, para «volver al equilibrio, la economía española necesitará un largo periodo de lento crecimiento, desempleo creciente y demanda deprimida». Éste será, sin duda, el desastroso legado económico del Gobierno de Zapatero a España y a los españoles.
d) «Cuando la economía española entre en recesión, las empresas que han invertido fuertemente en el exterior van a tener serios problemas. Algunas pueden no sobrevivir».
e) «El problema español será también un problema para el resto de Europa, por la dimensión de la economía española, y arreglar este desastre puede llevar años».

El desencadenante más probable de la crisis será la subida de tipos de interés y la reducción consiguiente de la liquidez, algo que puede ser más rápido y profundo de lo que se piensa, pues una mayoría de consejeros del BCE aboga por una política mas agresiva en materia de tipos. Una crisis, además, que en contra de lo que ingenuamente se piensa, afectará esencialmente a los trabajadores españoles, que están perdiendo el empleo en mucho mayor número que los extranjeros. Concretamente, en el último trimestre 2005, por cada extranjero que perdió su trabajo, lo perdieron también nueve españoles, y aunque la cifra de un trimestre no es extrapolable, es una clara indicación de quiénes van a llevar la peor parte en cuanto se produzca el cambio de ciclo.

Para desgracia del Gobierno, la opinión de Bloomberg no es la opinión de una personalidad económica, ni siquiera la de la Comisión Europea, que por cierto, es análoga, es una opinión que está hoy encima de la mesa de todos los responsables mundiales de inversión, y que influye extraordinariamente en los comportamientos de los inversores institucionales, y, desde luego, no va a favorecer precisamente las inversiones directas del exterior, ya casi desaparecidas.

Finalmente, y en una línea de pesimismo parecido, pero referido en este caso a las desastrosas consecuencias del modelo autonómico sobre la inversión, se ha conocido la opinión de los responsables en España de las grandes multinacionales, opinión expresada durante sus comparecencias en la Comisión del Congreso para analizar el problema de la deslocalización industrial.

La multinacionales han arremetido contra la gestión económica de las autonomías, denunciando los obstáculos y las barreras internas que tienen ante la disparidad normativa de las regiones. «El debate estatutario no se entiende en Estados Unidos», ha afirmado el vicepresidente de Hewlett Packard; debates como el del «Estatuto de Cataluña no ayudan a transmitir una imagen estable de España». El vicepresidente mundial de Siemens AG es más rotundo y afirma: «En España hay mas barreras interiores que en la UE», muchas veces «lo que hago es no fabricar porque no me vale la pena». Y así sucesivamente. Termino con una afirmación suya de extraordinario calado y gravedad: «Pensad que a los que están en los centros de decisión [de las multinacionales], España [la de Zapatero] les molesta y sólo les falta que les demos motivos para mandarnos a hacer puñetas».

Este es el panorama económico de la España social de Zapatero: un vuelco en la distribución primaria de la renta a favor del capital y de los impuestos y en contra del trabajo, un incremento de la presión fiscal sobre las rentas salariales, un vergonzante silencio de los sindicatos ante el hecho económico más trascendente para la clase trabajadora desde los años 60 y una crisis en puertas, la cual, una vez producida, dará lugar a un periodo de «lento crecimiento, desempleo creciente y demanda deprimida». Crisis económica que acelerará, además, la desmembración de España, puesta en marcha por la traición de un presidente a su patria, a sus electores y a todos los españoles.»


4º) Y si esta es la situación de las clases medias trabajadoras españolas, sepamos un poco más de cómo le van los negocios y la vida misma a los que se acomodan en los pisos más altos de la pirámide social (fuente: El Revolucionario. El diario global de la izquierda revolucionaria en lengua española].

«El líder por beneficios volvió a ser en 2006 el Grupo Santander, con la cifra récord para la economía española de 7.596 millones de euros (un 22,12 por ciento más que en 2005) [...] El BBVA se situó en segunda posición, con casi 3.000 millones menos de beneficios que su principal competidor. El grupo bancario ganó 4.736 millones de euros (un 24,4 por ciento más) [...] Le siguió «La Caixa», que duplicó resultados hasta 3.025 millones de euros gracias también a las numerosas ventas realizadas. Caja Madrid adelantó a la cuarta posición con unas ganancias de 1.033 millones de euros (un 22,8 por ciento más) y el Popular cayó a la quinta plaza con unas ganancias de 1.026 millones (un 16,86 por ciento más).

Por primera vez, las cinco grandes superaron los 1.000 millones de euros de beneficio, un logro del que, hasta hace dos años, sólo podían presumir Santander y BBVA. Los créditos aumentaron de forma conjunta un 20,49 por ciento, con lo que sobrepasaron los 1,1 billones de euros, mientras que los recursos gestionados de clientes aumentaron un 11,04 por ciento, hasta 1,59 billones. Con estos aumentos de actividad, las cinco entidades pudieron incrementar un 12,60 por ciento los ingresos por comisiones, hasta 14.563 millones de euros, y un 11,94 por ciento los gastos, que se situaron en 23.607 millones [...]

Mientras los principales bancos y cajas baten récords de ganancias, otros informes apuntan que el salario medio de los españoles se ha depreciado, durante 2006, un 3% como consecuencia, principalmente, de la llegada de millones de inmigrantes que realizan las tareas a menor coste y con la connivencia de los sindicatos. En un país con 8 millones de parados las cuentas del capital salen redondas: los trabajos que estos desocupados deberían realizar son desempeñadas por inmigrados, legales e ilegales, que abaratan los costes de producción generando mayores beneficios empresariales, mientras que el Estado asume la tarea de mantener a los desempleados con cargo a los impuestos que se reparten entre todos los contribuyentes [...]».

7/5/07

El presente de las clases medias trabajadoras

En la segunda mitad del siglo XX, la Europa capitalista vio cómo desaparecía la clase proletaria en favor de las clases medias. Frente al mito del paraíso de los trabajadores soviético y la pujanza de los partidos comunistas occidentales, la socialdemocracia encontró el terreno abonado para sus propuestas políticas. Con el desarrollo de los estados del bienestar, los trabajadores y asalariados dejaron de sentirse proletarios... resultó cierto que por encima de las condiciones objetivas de los teóricos marxistas tiene más importancia la percepción subjetiva de las mismas por parte de los sujetos históricos. Y así, los proletarios pasaron a sentirse pertenecientes a las clases medias.

Con el final de la Unión Soviética y el desmoronamiento del marxismo como ideología, el liberalismo capitalista, sin enemigos ni alternativa posible, sin trabas ni limitaciones, recuperó su verdadera faz redimensionado ahora como una expansión planetaria, la globalización. Las condiciones objetivas en la actualidad demuestran que los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres, tanto a nivel social dentro de los estados como en las relaciones internacionales entre los mismos.

La situación de las clases medias en los países en vías de desarrollo y en los posindustriales es bien diferente. La globalización la mejora en los primeros y la debilita en los segundos. Algunos hablan de una "proletarización" (en su sentido marxista) de dichas clases medias occidentales, que afrontan ya una creciente precarización laboral, desorden y violencia en su entorno urbano, desvío de los recursos de bienestar social hacia otros colectivos y sistemas de pensiones públicos en crisis.

Se da la paradoja de que aquellos que van a ser materialmente más prósperos que sus abuelos y padres asisten a un paulatino empeoramiento de sus condiciones socio-económicas. Porque, tal y como advierte el FMI, aunque la globalización no reduce los salarios en términos absolutos, sí lo hace en términos relativos al ser cada vez mayor el pastel económico globalizado. Ahora bien, su reparto hace aumentar las diferencias entre las clases altas y los trabajadores.

En España, el salario medio oficial (en 2005) era de 20.439 euros, mientras que el de la Europa a 15 era de 34.412. Con todo, esta cifra promedio está muy lejos para casi la mitad de la población española ya que unos 19 millones de españoles ingresan no más del doble del salario mínimo interprofesional (SMI), que ha sido fijado por el Gobierno para este año en 7.182 euros anuales. El salario medio no ha mejorado en los últimos nueve años, retrocediendo incluso durante el año pasado un 0,5% en términos reales.

El total de españoles que en 2005 recibieron un salario, una prestación social o una pensión fue de casi 26 millones. Según la Agencia Tributaria, su retribución media fue de 14.697 euros, y de los tres colectivos citados, los que menos vieron incrementar su retribución fueron los asalariados: el 2,3% frente al 6,2% de los pensionistas o el 4,2 de los desempleados. La retribución media de los asalariados era de 16.018 euros y la de los 8,1 millones de pensionistas era de 9.604 euros. Conviene puntualizar que 10,4 millones de asalariados cobran menos de 14.000 euros al año y que más de la mitad de los pensionistas, 4,5 millones, cobran menos de 600 euros al mes.

España es, junto con Portugal, el país con un menor SMI de la Europa industrializada, siendo menos de la mitad que el de Francia, Reino Unido o Irlanda. En 2005 se incorporó casi un millón detrabajadores al mercado laboral y prácticamente la totalidad de los mismos percibió un salario inferior a doz veces el SMI. Además, la tasa de temporalidad laboral es del 34,6%, el doble que la media de la Europa industrializada y el más elevado de la misma.

Pero pese a los bajísimos salarios de los trabajadores españoles, España sigue desindustrializándose. Nuestro país es el quinto preferido por las transnacionales para deslocalizar actividades industriales y trasladarlas a países en desarrollo, sólo por detrás de EE.UU., Canadá, Alemania y Reino Unido. ¿A qué se debe? A la baja productividad, dicen los expertos. La relación entre capital humano y competitividad en el capitalismo español es muy mala. La revolución industrial del siglo XIX necesitó de la alfabetización de sociedades enteras. Frente a la exigencia de un nivel determinado de formación intelectual por parte de aquella técnica, la de la actual tecnología es aún mayor. Necesita de una fuerza de trabajo bien educada y formada para su adopción y su aprovechamiento pleno. Es imprescindible el fortalecimiento del capital humano y del tecnológico, algo sólo posible mediante la potenciación de los recursos destinados a la educación pública. Pues mientras esto es así, el sistema escolar público español es uno de los peores del mundo industrializado. En la actualidad, el 30% de los adolescentes españoles no acaban la educación obligatoria, el doble que en Europa.

En España, el crecimiento macroeconómico de los últimos años, tanto los del PP como los del PSOE, no ha hecho más que agravar las desigualdades sociales. Según la ONU, somos uno de los tres países europeos donde hay mayor diferencia entre ricos y pobres. Según el INE, casi el 20% de la población española está por debajo del umbral de la pobreza. El gasto social ha disminuido del 24% al 19% del PIB y es el segundo más bajo de Europa.

Pero al mismo tiempo, en la última lista Forbes de las 100 mayores fortunas mundiales aparecen más españoles que nunca. España es el décimo país con más millonarios del planeta. Casi 150.000 individuos poseen más de 800.000 euros y 1.500 son ultramillonarios, o sea, tienen más de 24 millones de euros (el 1,7% del total mundial). El incremento de estos millonarios españoles fue del 5,7%, el segundo de Europa, y se debió a la positiva evolución de las bolsas (en 2006 tuvo un crecimiento del 32%) y a la revalorización del mercado inmobiliario (no por casualidad, los debutantes en la Forbes son magnates del "ladrillo").

Pero frente a estos cálculos, el fisco español sólo tiene constancia de 28.000 millonarios. El fraude es percibido por la sociedad como generalizado, esto no es ninguna novedad. Pero es significativo que la percepción de los altos ejecutivos sobre el sector inmobiliario sea igual de apabullante: lo ven como uno de los más corruptos y no perciben interés entre la clase partitocrática por solucionarlo. Quizá así se explique mejor por qué el 64% del dinero circulante lo forman los billetes de 500 euros, un dato único en toda Europa.

Alguno se podría consolar pensando que estos millonarios compensan sus privilegiada situación con su contribución a la redistribución de la riqueza entre los ciudadanos, pero no es así. En realidad, el 77% de la solidaridad fiscal recae en las rentas del trabajo. Ya no sólo es que los asalariados españoles por cuenta ajena sean los que más contribuyen sino que su peso no hace más que aumentar y el de los rentistas, profesionales y empresarios no hace más que menguar.

Pero al tiempo que la progresividad del IRPF descansa en las rentas del trabajo, esta tributación se ha convertido en un impuesto perversamente desigual. Sólo declaran la totalidad de sus ingresos quienes no pueden evitarlo porque los empresarios y profesionales declararon en 2005 unas retribuciones anuales medias de sólo 9.400 euros, la mitad de lo declarado por los asalariados. Es vox pópuli que la "ingeniería fiscal" es un recurso sólo al alcance de los ricos.

El IRPF, además, se ha convertido en el circo electoral en un extraño objeto del deseo cuya rebaja se ofrece como consolador a toda la ciudadanía. Tanto PSOE como PP compiten por ofrecer una seductora reducción del mismo que alivie psicológicamente a los hedonistas consumidores que abundan entre nosotros: "cuantos menos impuestos pague más tendré para gastar", piensan. Pero lo que no ven es que mientras este impuesto directo disminuye, se incrementan los indirectos: los que se pagan sin tener en cuenta la riqueza de cada uno. Consuelo de muchos... consuelo de tontos.

No es realista pensar que en el actual régimen las cosas vayan a cambiar. Las únicas voces que se oyen alto y claro son las de los heraldos del liberalismo capitalista exigiendo profundizar en sus ejes ideológicos. Venden como el único futuro posible el continuar desmontando el estado de bienestar bajando los impuestos, liberalizando el mercado laboral y eliminando los mecanismos de redistribución de la riqueza nacional. Ante este panorama, ¿qué van a hacer los trabajadores españoles?